El Fondo Monetario Internacional es el organismo encargado de promover la cooperación monetaria y el intercambio comercial entre los países miembros, financiando los déficit de las balanzas de pagos de estos y manteniendo estables los tipos de cambio para facilitar el crecimiento del comercio internacional. Tiene 151 miembros, de manera que cada país tiene un número de votos en el Consejo de Administración correspondiente a su cuota de participación. Las decisiones deben ser respaldadas con un mínimo del 85% de los votos (Estados Unidos, con una cuota de participación del 20% dispone de un derecho de veto sobre estas decisiones). En realidad los cinco Estados que aportan mayores cuotas de contribución (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Japón y Francia) dirigen la política del Fondo.
El Banco Mundial está formado por un conjunto de organismos como la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) que concede préstamos baratos a países pobres; la Corporación Financiera Internacional (CFI) que impulsa la introducción del sector privado en los países en vías de desarrollo y La Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (AMGI) que asegura a los grandes inversores privados contra los riesgos no comerciales. El Banco Mundial, comenzó su andadura ayudando a la reconstrucción de los países europeos desbastados por la Segunda Guerra Mundial y se dedica fundamentalmente hoy a la financiación internacional de los grandes proyectos de infraestructuras hidráulicas, de transporte, de equipamientos energéticos, de desarrollo agropecuario etc en función de los intereses del Norte (10). Su estructura organizativa reproduce con gran similitud el reparto de poderes (los 24 países integrantes de la OCDE controlan las 2/3 partes de los voto y la hegemonía de los EEUU, existentes en el FMI.
El GATT (acuerdo general sobre tarifas aduaneras y comercio) representa un gran proyecto de liberalización global y multilateral del comercio mundial que trata de facilitar la introducción de las grandes empresas transnacionales del Norte en el conjunto de los mercados locales y de los diversos sectores económicos de actividad existentes en el Planeta. La Ronda de Uruguay representa el octavo ciclo de negociaciones organizado desde su firma en 1.947 e incluye a 111 países en sus conversaciones, que suponen actualmente mas del 90% del comercio mundial. Como en los anteriores ciclos, está al servicio de los intereses del Norte, que se concretiza hoy en la imposición de los intereses comerciales de los tres polos industriales mundiales, en el esfuerzo de contener el declive comercial de los EEUU, en el ahondamiento de la marginación de los pueblos del Tercer Mundo y a través del progresivo desmantelamiento de los derechos de propiedad intelectual, en la imposición mundial de la lengua y culturas norteamericanas.
El grupo de los 7 (EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia) conforma a su vez un directorio que decide sobre las grandes cuestiones estratégicas, económicas, sociales y políticas, que regulan la estabilidad actual del Planeta.
En la regulación jurídico-política del Planeta, la Organización de la Naciones Unidas (ONU) representa una especie de germen de gobierno mundial con capacidad para intervenir política y militarmente, a través del Consejo de Seguridad, al servicio de los intereses de las grandes potencias y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), estructura militar nacida para defender los intereses hegemónicos del Imperialismo USA, es en fin, el germen de ese poder coercitivo internacional que una estructura de dominación implantada a nivel mundial necesita para reproducirse y vivir.
Los tres ejes citados conforman una realidad interdependiente que se distribuye la hegemonía económica y político-militar mundial. La hegemonía económica se refleja en los acuerdos entre los Konzerns alemanes y los Zaibatsus japoneses, que establecen estrechos acuerdos de cooperación en ámbitos como la comercialización, la investigación tecnológica y el acceso a los nuevos sectores de actividad. No obstante, los últimos acontecimientos internacionales y la guerra contra Irak han revelado que los Estados Unidos siguen manteniendo la hegemonía político-militar mundial.
Esos enormes volúmenes de facturación y esas enormes productividades explican que hoy 500 empresas transnacionales puedan producir el 25% del PIB mundial con el solo 1,25% de los/las trabajadores del Planeta (25 millones de trabajadores/as). Este gigantismo se refleja también cuando observamos que solo dos países, EEUU y Japón, tienen un PIB que supera las ventas conjuntas de las 20 primeras transnacionales. Dicho de otra manera, si mezcláramos en un mismo ranking la producción de los países del mundo y de las de las empresas multinacionales, la General Motors se clasificaría en el número 15, antes de Suiza y de Bélgica; La Exxon en el número 20; Ford en el 21 antes de Austria y Noruega, Roiay Dutch en el 26, etc (12).
Hoy, las empresas multinacionales acaparan mas de la mitad de la producción mundial, controlan las reservas energéticas y las fuentes de materias primas, tienen el cuasi monopolio de la tecnología y la investigación y concentran su producción en sectores estratégicos. De las enormes inversiones de estas multinacionales depende muchas veces la producción y empleo de muchos países, de tal manera que la mayor parte de los países y regiones del Planeta centran su política económica en un desarrollo exógeno orientado hacia la obtención de las inversiones de estas multinacionales. A su vez, las empresas transnacionales imponen las condiciones económicas, sociales, políticas, culturales y ecológicas necesarias para su implantación, de manera que intervienen de manera decisiva en el diseño del modelo de desarrollo de esos países.